Algunas de vosotras me habéis preguntado por mis trucos de nutrición. Y la verdad es que no me considero ninguna histérica de la alimentación. Cuido lo que como pero cuando me quiero dar un homenaje, lo hago y sin remordimientos. Eso sí, hay varias reglas de oro que intento cumplir. Aquí os las dejo.
No picar entre horas. Hago cinco comidas al día: comida, desayuno, cena y dos tentempiés (media mañana y merienda). Es fundamental mantener estables los niveles de insulina, para que no tengas esas sensación de “me comería la nevera”.
Como dice mi amiga la nutricionista Laura Pire, la semana tiene 21 comidas fundamentales. Si hacemos bien 15, eso que llevamos ganado. Así que me aplico el cuento. De lunes a viernes controlo bien qué es lo que como, sobre todo, porque siempre me llevo la comida a la oficina y las cenas son siempre muy parecidas: proteína más verdura. El fin de semana me relajo. Si me apetece una cerveza, me la tomo y si me quiero premiar con un helado, pues lo hago. Entiendo que la comida es parte fundamental del disfrute de la vida. La clave, como en casi todo, está en tener medida.
Nunca he hecho dieta pero vigilo lo que como. Me gusta la dieta de la Zona, porque tiene muy en cuenta la carga glucémica de los alimentos y, de verdad, te enseña a comer bien. Además, es súper fácil de seguir. Sólo tienes que dividir el plato en porciones equilibradas: vegetales, proteína y algo de grasa.
Tomo verduras y frutas de temporada. Las primeras siempre las hago al vapor porque conservan mucho mejor todas sus propiedades. Mis favoritas: brocoli, calabacín, judías verdes que preparo en la olla exprés o en un cómodo set para hacer al vapor en el microondas de Léuké.
Bebo agua El topicazo de las celebrities lo sé, pero un truco fácil y muy importante. La verdad es que no me cuesta ningún esfuerzo, porque toda la vida he bebido de forma natural. Coge el hábito de tener siempre una botella cerca para que no se te pase.
En Estados Unidos me compré uno de estos botes de Camelbak y son súper prácticos porque tienen una válvula que permite beber mayor cantidad de agua en un sólo sorbo. Los botes son libres de bisfenol (BPA free en inglés), una sustancia química tóxica que incorporan muchos productos de plástico. Calcula que al día deberías beber unos ocho vasos de agua.
Además de las isotónicas, que tomo antes y después de hacer ejercicio, hace poco he descubierto las bebidas de Zico que contienen coco. Al ser ricas en potasio, son una buena opción para hidratarse antes de hacer ejercicio porque evitan los calambres musculares. Mi favorita es la de Mango y coco.
Los huevos siempre los compro ecológicos e intento que el pollo y el pavo también lo sean, aunque a veces es difícil conseguirlos. Como carne roja muy de vez en cuando. El pescado (salmón y pescado azul) suelo hacerlo a la “papillote” (envuelto en papel de alumino y en el horno). No uso aceite, porque se cocina con su propio jugo. Sólo lo sazono con un poco de pimienta y romero. Además, controlo mucho la sal y el azúcar. Las infusiones las tomo sin azúcar ni edulcorantes, para no neutralizar su efecto antioxidante. En invierno, de postre siempre tomo una infusión (manzanilla o té kukicha), porque sacia mucho y así no pecas con algo dulce.
Nunca como bollería industrial (ni magdalenas, bizcochos, etc.). Aunque reconozco que por las mañanas además de mis tostadas con pavo y aceite termino con una galleta de Chiquilín (sorry, una es humana).
Me encantan las ensaladas, pero nunca las como por las noches, porque te hinchas como una boa constrictor.
Durante mi etapa londinense, me dio por hacerme vegetariana. Y a día de hoy, todavía me arrepiento. Si tomas la decisión de eliminar la carne y el pescado de tu dieta hazlo con cabeza. Ser vegetariano y también vegano, requiere ser creativo en la cocina y planificar muy bien las comidas, porque no es fácil. Yo no lo hice y cuando tuve un problema de salud me di cuenta de lo débil que estaba. Sé que mi madre está leyendo estoy y estará diciendo: “ya te lo dije”. Las madres, al final, siempre tienen razón.
Por las noche nunca como carbohidratos (arroz, pasta, patatas, etc). Otro consejo que me dio Laura Pire es tener siempre preparado una crema de verduras a base de espinacas, tomate, cebolla, zanahoria y calabación (sin patata, ni aceite). Si la tomas como primer plato resulta muy saciante. Cuando cocino, muerta de hambre engaño el apetito con crudités, zanahorias o edamames (vainas de soja). Éstas últimas las preparo al vapor en el microondas y sazono con sal gorda. ¡Me encantan!.
Después de contaros mis trucos del almendruco, quiero aprovechar para hablaros de un libro que me ha parecido muy útil. Se trata de Saber Comer de Michael Pollan (Debate). El libro incluye 64 reglas, escritas con un lenguaje muy de andar por casa, para que sean muy accesibles y fáciles de aplicar. Aquí os dejo algunas de las que más me han gustado. ¡Os lo recomiendo!
Para saber si un alimento es saludable o no hay que tener en cuenta el grado de procesamiento al que ha sido sometido. El hecho de procesarlo no sólo puede eliminar nutrientes y añadir productos químicos tóxicos, también hace que el alimento se asimile con más facilidad.
Evita los alimentos que tengan azúcar, o sus derivados (jarabe de malta de cebada, edulcorante de maíz, dextrina, dextrosa) entre sus tres primeros ingredientes. En las etiquetas los ingredientes aparecen ordenados por peso.
Evita productos Light, desnatados o bajos en grasa, porque muchos de ellos incrementan su contenido en azúcares para compensar la pérdida de sabor. Más vale comer la versión original de forma moderada que atiborrarse a productos Light, ricos en azúcar y sal.
Toma la ruta periférica en el supermercado. Los alimentos procesados dominan los pasillos centrales, mientras que los frescos se encuentran junto a las paredes.
Si se llama igual en todos los idiomas (Big Mac, Cheetos o Pringels) no es comida.
En la naturaleza, los azúcares casi siempre vienen empaquetados con fibra, que ralentiza su absorción y sacia más. Por eso siempre es mejor comer fruta que beberte sólo su zumo. Cuando las calorías se toman en forma líquida engordan más, porque no nos hacen sentir llenos. Recuerda los refrescos sanos no existen.
No desayunes cereales que cambien el color de la leche, porque están muy procesados y son ricos en carbohidratos refinados y aditivos químicos.
Es mejor comer cereales integrales y reducir el consumo de harinas blancas, porque no son muy diferentes del azúcar.
Para de comer antes de saciarte.
Come cuando tengas hambre y no cuando estés aburrido. Un truco: si no tienes hambre como para comerte una manzana es que no estás hambriento.
Espero que os haya gustado. Ya sabéis que podéis seguirnos en Twitter o en nuestra página de Facebook. Stay tuned!










