Lo reconozco: soy una viciosa. Hay cosas que me pierden, pero todos mis vicios son confesables (¡malpensadas!). Ya os he contado que hay determinados cuidados beauty que me dan pereza (pincha aquí), pero hay otros muchos muy placenteros. También debo admitir que tengo mis manías, que me hacen pecar sin cesar. Hoy estoy en modo confesión.
Como la Pantoja “hoy quiero confesar”
No me digáis que el look no es total. El pelo, las hombreras, la banana del ojo… Pena que Isabel haya perdido el norte, porque siempre me ha parecido una gran artista.
Aquí van mis vicios:
1. Me pierden los aceites para cara, cuerpo y pelo. De pequeños cuando íbamos a la playa, mi madre, como tratamiento aftersun, nos bañaba en aceite de oliva (¡lo juro!). Un cuadro. “Mamá huelo a ensalada”, le decíamos los tres hermanos. Respuesta materna: “esto es buenísimo para la piel, ya verás lo suavita que se queda!”. Menos mal que la cosmética ha evolucionado y ya no hace falta recurrir a la botella de La Giralda. Ahora, los aceites se presentan en versiones súper sofisticadas. Existe el falso mito de que los aceites son súper pringosos y son todo lo contrario. Cuando es de calidad, se absorbe enseguida y forma sobre la superficie de la piel una capa emoliente y protectora. Además, a diferencia de muchas cremas, no están formulados con ingredientes químicos así que respetan la piel, incluso las más atópicas. Mis marcas favoritas:
Para el cuerpo Sin duda Alqvimia y Weleda. Aunque mi última adquisión es un aceite de albaricoque de Phytomer, que es, sencillamente, espectacular.
Para el rostro Los de Decléor son deliciosos. Los reservo siempre para la noche.
Para el pelo Uno de mis últimos must es el aceite de pelo de Shu Uemura. Se pude utilizar sobre pelo húmedo o seco. De hecho, yo lo aplico hasta dos veces. Primero, antes del secado y luego, para definir las capas frontales. Basta con un par de gotas. Su textura ultrasedosa da un brillo espectacular, se aplica sobre la mano y se calienta frotándo las palmas para luego extenderlo de medios a puntas. Aunque es caro, dura hasta el infinitoy más allá porque es muy poca la cantidad de producto que necesitas utilizar.
2. La mascarilla de pelo Soy muy generosa con los productos hidratantes de pelo, porque abuso, casi a diario, de las planchas y el secador. Hay muchas mujeres que no usan acondicionador o mascarilla. Craso error. Este tipo de productos suavizan la cutícula, las escamitas que recubren la fibra capilar, responsables de que el pelo brille. Si eliges una buena fórmula, no te pesará el cabello. Si tienes la melena muy lacia, opta por fórmulas sin siliconas. Manual de uso: quita la humedad del pelo y aplícala sólo de medio a puntas. Obra milagros. Si tienes el pelo muy seco, extiéndela y cubre la cabeza con un gorro de ducha y aplica calor durante diez minutos. También puedes humedecer una toalla y calentarla en el microondas. Recógete e pelo en ella y déjala actuar durante 20 minutos. Pura magia para cabellos castigados.
3. El gorro de ducha No sé quién lo habrá inventado, pero le debo la vida. Como hoy va de confesiones, quiero agradecer a todos esos hoteles del mundo lo generosos que han sido conmigo y mi fondo do armario de gorritos de ducha. Cuando voy a un hotel, todas las noche escondo el gorro de los amenities para que me den otro nuevo y, alguna vez, (¡sí, lo confieso!) he robado alguno del carrito de la limpieza. Me puede la tentación. Nada es más práctico, que uno en ligero plástico con su cintita ajustable. No me lo quito hasta estar vestida (lo sé, un cuadro), pero no te molesta el pelo y, además, no quedan marcas, ni el flequillo disparado, como con las cintas de pelo y las gomas.
4. Las cremas untuosas Cuanto más me pringo, más me gusta. Soy así de viciosa. No me gustan las texturas líquidas, ni en spray, ni siquiera una bruma. Mejor una buena crema untuosa para masajear bien por todo el cuerpo. No salgo de casa sin haberme echado la hidratante de cuerpo, prefiero renunciar al desayuno. Mis favoritas: La crema de magnolia y lima de The Lab Room y la crema de cuerpo de Ocho Horas de Elizabeth Arden. También me gusta mucho, Comfort Balm de Neutrogena y Lipikar de La Roche Posay.
5. La limpiadora de Eve Lom Ya os he hablado en un post anterior de la importancia de la limpieza. Ya lo sé, es un rollo pero cuando el producto es bueno puede llegar a ser hasta gustosa. La limpadora de Eve Lom es sencillamente mágica. Es como una especie de pasta cerosa, que elimina hasta el maquillaje waterproof. Se extiende bien por todo el rostro, cuello y escote y se retira con una gasa humedecida en agua que, además, exfolia ligeramente la piel. El cutis queda tan limpio, fresco e hidratado que no hace falta aplicar ningún otro tratamiento a continuación. Despídete de la tirantez tras la limpieza. Sin duda, una de esas compras maestras.
Espero que te haya gustado.
Seguimos en contacto a través de Twitter @thebeautymail o en Facebook

